La orden de comida de Lawrence Brewer fue tan extravagante que parecía una burla.
Poco antes de que el reconocido defensor de la supremacía blanca fuera ejecutado con una inyección letal el pasado 21 de agosto, ordenó dos bistecs, una hamburguesa triple con queso, una tortilla de huevo con queso, una porción grande de ocra frita, tres fajitas, un litro de helado y una libra de carne a la barbacoa.
No se sabe cuánto de eso se le sirvió o si los nervios le arruinaron el apetito, pero nunca se comió ninguna de esas cosas.
Al día siguiente, el Departamento de Justicia Criminal de Texas atendió la solicitud de un escandalizado senador del estado de Texas para que se le pusiera fin a la tradición de ofrecer una generosa última cena.
De ahora en adelante, a los condenados en Texas se les ofrecerá la misma comida de cafetería que a los otros prisioneros.

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